entre besos y abrazos
como si fuera toda la vida
que se estuviera esperando.
No hay motivo de palabras,
ni siquiera de miradas
porque el sentimiento
ocupa todo el espacio
en el pequeño cuarto
donde solo viven dos almas.
Se siente la eternidad del momento.
No hay futuro ni pasado.
Solamente este instante
entre dos que hacen un cuerpo
sin lunas ni soles,
sin atardeceres ni madrugadas
porque el tiempo no alcanza
para entregar lo que se siente
y el afán de darlo todo
tras la vida que se ha essperado.
Daniel Valdman.
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