toman cursos inimaginables.
Podemos ser principes un día
y al siguiente, esclavos de labranza.
Nadie sabe qué el futuro depara
y los grandes planes se caen
ante el atizbo de una tormenta
que producira inundaciones y desastres
para luego de las aguas
vendrán cruentas sequías.
Muchos campos estallarán en llamas
y las cosechas perdidas
no habrá quién las repare
porque nada servira
con todo vuelto cenizas.
Volarán los buitres,
se adueñarán de los cielos
para saciarse con el alimento
que dejará el cambio del clima.
Imposible predecirlo,
se han cambiado los siclos
que uno muy bien conocía
para convertirse en espada
de doble filo
y arriesgando a ser valiente,
tratando de salvar lo que se pueda,
quizás queden vacías las mesas
sin poder poner en ellas
algún bocado de comida.
Indesifrable el destino
y esa, es la mejor aventura.
Daniel Valdman.