a medida que el Sol va tras su descanso.
Ya se acaba la jornada
mientras la gente llena las calles y los buses
tratando de llegar lo antes posible
a disfrutar la calidez de sus casas.
Sentir el abarazo de la amada,
la alegría del perro
al olfatear su llegada
y la algarabia de los niños
para quitarnos con sus juegos
lo último de nuestras fuerzas.
La comida tibia esperando en la mesa
y una copa para vino que espera ser llenada
mientras que al camino de regreso
tras haber cumplido con toda la jornada
y apoyando la cabeza en la ventana
volando en la rutina de llegar al nido
sabiendo que encontrará mucho ruido
y que no hallará la paz buscada
pero sintiendo el amor que a uno le brindan.
Daniel Valdman.