vigilan la entrada
aunque no ataquen a nadie
ni a nada
solo están para decorarla.
Dentro el salon
plagado de luces blancas
relucen las vestimentas
de quienes esperan de la orquesta
los primeros acordes
para iniciar la gran danza.
Y comienzan los violines
y después los trombones
y las parejas se animan a moverse
a un ritmo suave al compás de los sonidos.
Y vuelan las faldas y elegantes vestidos
como si fueran aves surcando el piso
queriendo atrapar el cielo
aunque estén dentro
del espectacular recinto.
Y te alzo por la cintura
y estiras los brazos
para alcanzar las estrellas
y te bajo muy despacio
disfrutando tu sonrisa bella
queriendo que se junten los labios
como señal de agradecimiento
por elevarte tan alto,
como lo alto del firmamento
que al ritmo del vals
vuelan nuestras almas.
Daniel Valdman.