se mantienen frescas
tras los bramidos de la Tierra
causando tétricos desastres.
No alcanzan las manos
para sacar todas las piedras
con la atención dispuesta
en una esperanza de vida.
Las máquinas sucumben
ante tanta desgracia
tratando de quitar los escombros
caídos de las casas
que no pudieron evitar
la ondulación de los suelos
que como olas fue barriendo
cada uno de los cimientos
que se creían seguros.
Y los llantos y los ruegos
tratando de ayudar a alguien caído.
Todos son voluntarios y bomberos.
Todos rescatistas esperanzados
en salvar a quienes atrapados
entre los edificios desmoronados
cambiando así toda la historia.
Y ahora solo queda
recuperar los sueños,
construir de nuevo
lo que haya desaparecido
y no perder la fe
porque aún estamos vivos.
Daniel Valdman.