por la caricia que te aguarda
y mis manos
tan secas y agrietadas
tienen miedo de tocar
la suavidad de tu rostro.
Y veo en tus ojos
la ansiedad y la esperanza
de recibir lo que guardo
con mucha pena y con más cariño
para no dañar la tersura
que ilumina tu rostro.
Y apoyas tu cara en mi hombro
tratando de convencerme
que no te importa
la rudeza de mis manos
pues sabes que me lo he ganado
trabajando fuertemente
con el azadón y la pala
y los sueños de tenerte
recostada en mi hombro
al alcance de un beso.
Daniel Valdman.