para llegar a sus labores.
El madrugón de la hora temprana
hace sentir que la noche fue muy corta.
Y así comienza la jornada
con los apuros de cumplir con los horarios
que imponen los jefes de los trabajos
a los que uno nunca sabe
la hora en que ellos llegan
para caerles con las penas
a los que arriban llegando tarde.
No hay despertador que alcance.
Siempre se amanece cansado
sintiendo que el día será largo
y que el regreso está muy lejano.
Así se sobrevive en las ciudades.
Muy inteligentes los romanos
que inventaron el salario
cambiando la moneda por el látigo
y así dominar sin gastar sus fuerzas.
Daniel Valdman.