nos defendemos de la nieve
siendo el calor de las almas
que en el abrazo nos conmueve
haciendo que el sentimiento gobierne
el espacio que ocupamos frente al fuego.
Apretamos los cuerpos fuertemente
para que se sientan
tras las prendas las pieles
y los latidos inciten a los labios
diciendo sin palabras
lo que los corazones quieren.
Entre caricias desaparece el frío.
La intención del amor
es más fuerte que la nieve.
Los abrigos sobran,
las cobijas desaparecen
y los besos arden
al compás de los leños crujientes.
Vuelan las almas
elevándose a otros mundos
creando primaveras
entre inviernos muy crudos
haciendo de dos curpos solo uno
en el acto de amor más puro
en el silencio profundo
entre gemidos y besos.
Daniel Valdman.