en un día quieto.
La cena de la noche
hace que la pereza se apropie
y sin haber obligaciones
es el lecho quien domina al cuerpo.
Escondido tras las nubes
el Sol se toma su tiempo
extendiendo el día festivo
sin el amanecer cuyo rocío
tampoco hizo su encuentro.
Las calles quietas,
la ciudad en silencio,
olvidadas las reflexiones
sobre los planes del día
sin ningunas obligaciones,
se estiran las cobijas
para ampararse del frío
y quedarse otro rato extendido
porque están perdidos los afanes.
y ojalá que los regalos
produzcan muchas emociones.