Ella viene trás de mí
porque quiere atraparme
y así enredarme
en un mundo que aún no conozco
y demostrarme
que ya soy obsoleto.
Que aún vivo en un mundo
que acabó de existir.
Que desaparecieron las casas en los barrios,
que las torres crean las sombras
por las que el sol no es invitado,
que los antejardines se han acabado
destruyendo la competencia entre vecinos
por quien tiene el cesped mejor cortado.
Si, soy un anticuado
y no quiero que la tecnología me alcance
pues quiero vivir como antes
jugando al futbol en la calle
o volver a ver a los niños
saltando la cuerda en las aceras
o escondiéndose tras los árboles.
Y sigo corriendo antes de que me alcance
porque el alma se detiene
en los momentos claves
cuando se era feliz
sin que un teléfono lo impidiese.
Llegué hasta un robusto árbol
y lo abracé con los dos brazos
y cerrando los ojos sentí
como me entregaba su energía
y me regalaba su paz y su sabiduría
mostrándome que él no corre
y aún sigue con vida.
Que la paz está dentro mío,
que no necesito buscarla
y que de todas maneras, él me acompaña
y que el tiempo cambia y avanza
hacia un futuro que alguna vez fue fantasía.
Que la tecnología es solo una etapa,
que no renacerán mis recuerdos
y que en vez de correr
dejar que pase sobre mi cuerpo
y que yo camine a mis tiempos
que en ellos, jamás llegaré tarde.