pero las inclemencias de la vida
nos va cobrando las intrepideces
que por aventuras o valentías
arriesgamos los cuerpos juveniles.
A todo le llega la hora
en que la energía se dilata,
hasta al metal más resistente
le alcanza el tiempo de oxidarse
y al músculo y a la razón
sus fuerzas se gastan.
Entonces vienen los recuerdos
de cuando realmente se podía
y el futuro era tán lejano
y la madurez y vejez no existían.
Y el tiempo pasa y con él los años
y los momentos de memoria
se hacen tan cercanos
que cuesta creer que ya no se puede
porque no hace mucho
lo habíamos logrado.
Bueno, se ha vivido
y es imposible volver al pasado.
Y estos recuerdos que vienen
sirvan de herencia
a los que hemos criado.
Daniel Valdman.