en el primer beso de la mañana.
Dulces, sabrosos
mientras aún, no te has despertado.
Y se estiran timidamente
esperando la repetición de ese acto.
Poco a poco se abren los párpados
para recibir al sol
que se filtra por la ventana
y comenzar así el día
desde muy temprano
sin abandonar las cobijas.
El café caliente que te traigo
tiene el sabor de los sueños
que forma una sonrisa en tu rostro
como agradeciendo que te lo he servido.
Y sentándote contra las almohadas
me das gracias por tanto cariño
que de otra manera no se darlo
más que con un beso,
una caricia, un suspiro
y con el café que te alcanzo
mientras aún estás en la cama.
Daniel Valdman.
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