dejando una estela de desastres.
Vidas enteras se han apagado
llevándose los sueños
de los que más no tenían.
Habrán subido las almas
de quienes quedaron atrapados
entre escombros y mares
rogando por un poco de aire
que no alcanzó para su supervivencia.
Se perdieron los nombres
entre tantos desaparecidos
que no se los cree vivos
tras el tiempo que ha pasado.
Nadie creyó en sus palabras,
ninguno estaba preparado.
El mundo hizo silencio
porque le era difícil prevenirlo
más que los rezos pidiendo amparo
a dioses que tampoco escucharon
o quizás, enviaron un castigo.
Cuánta gente buena ha sucumbido
ante las súplicas de la Tierra
que nadie ha oído.
Daniel Valdman.
No hay comentarios:
Publicar un comentario