para tomar agua del río
y el reflejo que he encontrado
fue de un ser cansado y abatido
tras haber andado un largo camino.
No era mi rostro
pues tengo fuerzas todavía.
El corazón sigue palpitando,
las piernas aún tienen muchos pasos
y los caminos extendidos
me invitan a seguir andando.
No soy yo el del reflejo.
Puede ser cualquier otro
que todavía no reconozco
porque los sentimientos son distintos.
La aventura de la vida
tiene mucho que darme
aunque me pese la mochila
y los ojos se siguan asombrando
al descubrir cada paisaje
con toda su fuente de vida.
Cuantos abrazos tengo todavía,
cuantas manos extendidas
y cuantas palabras bendecidas
para alegrar espíritus tristes
que requieren mi compañía.
Cuanto tengo para dar
en los caminos que me incitan
a encontrar almas perdidas
para que conmigo sigan andando.
Daniel Valdman.
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