los guantes no alcanzan
y las manos se ponen asperas
dándome pena
de regalarte una caricia.
Es tan suave tu piel
que me duele tocarla
estando asi por la labranza
de cavar con la pala
o empujando la trilla
haciendo los surcos para las semillas
que serán el fruto algún día
que llene nuestra mesa
o que llevemos al mercado.
Es la maravilla de vivir en el campo,
viendo crecer la vida
con cada semilla que germina
y que después se hace árbol.
Y aunque te parezca mentira,
me dá pena darte una caricia
con mis ásperas manos
aunque con tan simple acto,
también hacemos crecer la vida.
Daniel Valdman.
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