hasta que te complazca
y que también se vean
todas las estrellas.
Le robaré a la Luna
sus poemas y promesas
y te lo regalaré
en un ramo de esperanzas.
Quiero que en un espejo te veas
luciendo con humildad tu belleza,
mostrando sin pudor tu alma.
Deseo que sientas
lo que a mis ojos irradias
y que no te de pena
la profundidad de mi mirada
pues maravillas mi espíritu
y mi conciencia
que así me quedaría
minutos, horas, la vida
complaciéndote con mil caricias
hasta que el tiempo pase
sin darnos cuenta
y lleguemos a la ancianidad
inevitable
y te siga mirando
como hace tantos años
tomados de la mano
dando quizás,
los últimos pasos.
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