y sin darnos cuenta,
vamos quemando los días.
Dejamos perder la vida
en deseos sin esperanzas.
Amarrados a una fila
invirtiendo fuerzas
para que el de adelante prosiga,
tras el semáforo de una esquina
o en una oficina
donde a nadie el tiempo importa.
Que el bus llegue de prisa
porque se llega tarde a la cita
y al médico no le importa
cuantos pacientes calientan las sillas
cada uno con sus propias dolencias.
Y dejamos pasar los días
sin que el trámite se consiga
aunque hayamos perdido en la fila
horas de aburrimiento y desespero.
Y así llegamos al final de la cuenta
cuando nos pregunten los nietos
qué has hecho en tu vida abuelo?
Y realmente, no hay otra respuesta
que esperar m´hijo,
me gasté los días en esperas.
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