las noticias no ayudan
y la música de las aves
me llenan el alma de esperanza.
El azadón corta la tierra
abriéndole paso a la semilla
que crecerá libre y tranquila
sin que le importe las guerras
en los grandes recintos del gobierno.
Estoy ajeno a todo ello
porque de palabras no vivo.
Yo, simple ciudadano del pueblo
me alimento de lo que siembro y cultivo.
Y estoy sembrando paz
para que alivie mi espíritu
que luego se pondrá en un plato
para que también coman mis hijos
y crezcan con la moral puesta
en la honestidad y el sacrificio
escuchando la música de las aves,
con el azadón haciendo surcos
y con la semilla de la paz
creciendo en sus almas.
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