anunciando los mediodías
como antes en mi infancia
que a cada hora sonaban
alertando para concurrir a las misas.
Y los domingos más temprano comenzaban
para que igual madrugacen
aunque sea día de descanso.
Silenciaba la campanita del tranvía
para decir que había llegado
a la parada señalada
cada cuatro cuadras
hasta el fin del recorrido.
Domingo, día de futbol
y la calle se cerraba
porque en ella se jugaba
la gran final del barrio.
En la portería se encontraba
el que menos jugaba
si no quería ser el árbitro.
Y en el medio de la calzada
el balón se disputaba
sin que se pudiera aclarar
quienes eran los de cada bando.
Mientras dentro de las casas
las mamás preparaban
las salsas que a las pastas condimentaban
ya sean espaguetis, raviolis o tallarines
pues el hambre daba para todo
tras el cansancio del deporte
que pude vivir en mi infancia
y que hoy ya no existe.
Daniel Valdman.
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