y cada día es distinto.
Tampoco nosotros
no somos los mismos
de cuando montados en las bicicletas
nos aventurábamos
en paisajes desconocidos.
De cuando veíamos sembrados
por caminos estrechos
y disfrutábamos de los verdes
que nos regalaba la naturaleza.
Volví a pasar por los que fueron
esos sueños.
Hoy los caminos empedrados
son modernas avenidas,
algunas de cuatro vías
que le dan entrada y salida
Se cambió lo verde por el asfalto
y nuestras aventuras sobre los sembradíos
hoy son torres de ladrillos
convertidos en edificios
porque la ciudad se fue creciendo.
Y atrás quedaron los sueños
que con tanto gusto disfrutamos.
Ya la ciudad no es lo mismo
y nosotros, también hemos cambiado.