despertando los sentidos
desapareciendo los sueños tenidos
durante el descanso nocturno.
La realidad obliga
a iniciar la jornada.
Aunque está tibia
quedará sola la almohada
guardando los secretos
aunque ya no se recuerden.
Comienza la fajina.
Cubren con sus ruidos
las máquinas perversas
ocultando los trinos,
auyentando de los nidos
a las aves que también
comienzan sus trabajos.
Quisiera ser ave
en el campo abierto
y ver desde los cielos
el deambular de la vida.
Absorver de las gotas
que ha dejado el rocío,
y saciarme del polen
que regalan las flores
para llevarles su comida
a los que sin cansarse pían.
Si, quisiera ser ave
aunque necesite
sentir que piso la tierra.
Daniel Valdman.
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