cada ola me trae tu nombre
mientras me cubro con nostalgias
de los cuentos que inventamos
o de las canciones añejas
extraídas de la memoria
que casi cantábamos a dúo
porque no te sabías todas las letras.
Las olas gritan tu nombre
y se me inunda el alma de las pasiones
que liberábamos en el lecho,
en la arena
o en las aguas del mar
llegándonos hasta la cintura.
Volando tus cabellos al viento,
estirada toda ocupando la playa
mientras el desierto de las gentes
que nada nos importaba
nos dejaban ser los dueños
de esas soledades y de esos silencios.
Y naufragando en esos pensamientos
te necesito aquí, muy cerca mío
para que escuches a mi abrigo
cada vez que te nombra.
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