Tomaré tu mano, la llevaré a mi pecho para que en ella sientas el palpitar del sentimiento. Te sabrás emocionada porque nunca antes lo habías hecho y un manto de ternura te obligará a un abrazo. Te colgarás de mi cuello y me llenarás de besos porque sentirás que jamás te han querido como yo te quiero.
Hoy será diferente. Estaremos en el lecho recostados frente a frente mirándonos fijamente y abriendo los espíritus. Estará de lado la pasión de los cuerpos. Me contarás tus sueños y yo, mis fantasías. Y así, en los ojos las caricias harán, que se besen las almas.
Despacio, lento. Disfrutando cada caricia que nos regalan los cuerpos. Sintiendo el sabor de la vida en tu mirada, en tus besos haciendo que se detenga el tiempo justo allí, entre tus manos y mi piel. Gozarnos mutuamente en este universo de sentimientos donde solo importa el quererse y el resto, no existe. Despacio, lento sorbiendo cada gota de amor que brota de las almas.
Hace brillar el sol los colores de los paisajes que se ponen a nuestros ojos. Relucen los jardines, más blancas son las nubes. Y vuela mi fantasía imaginando tu rostro, el que encuentra la belleza en cada rincón perdido o la crea cuando no existe. Y en esa fantasía, me quedo en tus ojos porque en ellos veo el brillo de la vida.
Remontaré cometa. Llegaré muy alto hasta donde los vientos me dejan. Pasaré entre nubes. Buscaré una estrella Elegiré la más bella para traerla a la Tierra y en el pecho ponerla de mi amada. No bajaré la Luna, eso lo hacen los poetas, y yo, con mis míseras letras no puedo pretender tanto. Por eso le bajo solo una estrella. No es que a los cielos suba, solamente con la cometa vuela mi alma.
Vienes a mi con el alma alborotada. La fatiga cotidiana impunemente te desgasta y te entregas a mis brazos para encontrar la calma. Entonces, comienzan las caricias, las palabras que sanan y todo el clamor de tus ansias va cayendo en susurros hasta que se apacigua el cuerpo y la mente descansa. Eso, también es amor. Y acurrucada en mi pecho me entregas por entero el placer que te causa. Y justamente es eso lo que me da la felicidad de amarte.
Rugen los vientos enfurecidos. Tienen afán de llevar mi cariño que los puse en sus soplidos para que lleguen a tu alma. Golpearán las puertas, entrarán por las ventanas y no habrá resquicio por donde mi sentimiento no entre. Se moverán las cortinas, se sacudirán los tapetes. Se adueñarán de las paredes buscándote hasta que te encuentren. Y en ese momento, cuando se aquieten, sabrás que eres la mujer más amada.
Estarán mis caricias aguardando tu llegada. Las rosas están listas y la casa bien arreglada. Mi espíritu impaciente no sabes cómo se siente ante la posibilidad de tenerte otra vez entre mis brazos. La paciencia derrotada ante la ansiedad desesperada que ya no sabe cómo hacer para engalanar tu llegada, porque eres dueña de mi todo y más que todo, de mi alma.
No me alcanza con amarte. Necesito crear jardines donde tu vista se sacie de encontrar tanta belleza. Quiero fabricar cielos con un sin fin de blancas nubes para que en ellas dibujes todas las fantasías. Pretendo crear un prado con un césped acolchado para que recuestes en él tu cansancio y también que tenga un árbol para que lo visiten los pájaros y alegren tus oídos con sus trinos. No me alcanza con amarte pero solo estos sueños es lo que tengo para darte.
Navegan mis caricias sobre tu piel. La posesión no es del cuerpo sino del alma, porque el sentimiento es una llama que invoca a sentirte muy dentro mío. Y por eso te acaricio porque no puedo sacar lo que hay en mi pecho y brindártelo en un cofre de cariño. El amor tiene estas cosas que no alcanzan los sentidos, ni palabras ni gemidos que puedan en susurros expresar lo que se siente. Y yo, te amo.
Finas las gotas caen sobre los cristales empañando la mirada sin dejar ver el horizonte. El invierno atiza el fuego encendido en el hogar y tu imagen en el recuerdo trae calor a mi alma. No desesperan las ansias de tenerte porque el tiempo me regaló la calma para saber esperarte y en el encuentro entregarte lo que el sentimiento ha madurado. Y si, porque tras el tiempo hemos cambiado y el cariño es más profundo. Y con esta paciencia ganada con los años, te espero, porque se que te quiero ya llegando al invierno de nuestras vidas.
Amarte no es solo llenarte de caricias y besos profundos. Es tener el oído agudo para escuchar tus sentires. Es entender como piensas y de alguna manera ofrecerte un detalle. Es tomar tu mano poniendo mi corazón en ella y compartir lo bella que es la vida. Amarte es sentir como niño jugando con palabras que quizás sean tontas pero nos dan alegría. Es descubrir tu sonrisa cada vez que digo cuanto te amo.
He vivido. Siempre tuve fantasías rondando por mi espíritu que sin saber como las fue haciendo realidad el destino. Desde niño, soñaba con viajar y mis botas han recorrido muchas más distancias de las que cabían en mis sueños. Siempre busqué el amor y en mis tantas trayectorias he logrado triunfos y derrotas que al fin y al cabo, hicieron a quien soy hoy. Y aquí estoy, de frente junto a ti presentándome con el alma abierta, feliz y contenta de haberte hallado, que ahora, tras correr los años, se da cuenta que la vida, eres tu.
Acompasan las olas mi deambular por la playa. El cielo estrellado y la densa calma llevan mis pensamientos a horizontes invisibles. Y no concibo la vida si no estás a mi lado aún, en esta soledad que he buscado, te llevo muy dentro mío y me sigues acompañando. Porque el amor no tiene distancias ni los sentimientos fronteras.
Tengo frío. Un sentimiento solitario invade mi alma y necesito tu caricia, la que me calma, la que me entibia. Pero más que ello, necesito tu presencia para que me regale esa sonrisa para que me diga, como siempre, que todo se puede.
Va trayendo el viento otras estaciones. Se acerca el otoño, el invierno; pero mientras tu mano se encuentre con la mía la primavera de la vida siempre estará en nuestras almas. Qué feliz me hace tu sonrisa y los arrumacos para recostarte en mi pecho. Soy feliz con la caricia que me entrega tu sentimiento y esa invasión en el espíritu que me dice cuanto te amo.
Testigos son los mares del amor que nos tenemos. También lo son los cielos en cada caricia que nos damos. Y en cada beso profundo las planicies y los valles también son testigos. Porque cuando entramos al paraíso que formamos en el lecho el Universo entero es testigo de que creamos la vida. Y de allí nunca salimos pues tras saciar la sed de las ansias, en cada mirada, en cada palabra, o cuando nos cogemos de las manos para continuar en los senderos del destino, es cuando más nos amamos.
Me meteré en tu sueño, ahora, al alba, para que sientas mi suspiro rozar tu alma. Te sentirás acompañada por mi presencia en un abrazo suave de paz y de calma. Como nunca te sabrás amada y no habrá más caricias que ese abrazo. Y luego, por la mañana, no has de notar mi ausencia porque te sentirás soberana de todo mi sentimiento.
Quieren mis caricias alejar tus pesares. Mostrarte lo bello de la vida y más, cuando se instala en tu rostro. Que al calor de mis manos sientas que no estás sola y que somos dos para afrontar adversidades. No porque esté nublado dejan de existir los jardines. Soportan las flores tormentas que quizás a nosotros, nos asusten. Ten fe, que el amor, todo lo puede
Hoy no puedo escribir. El sentimiento somete mi sentir y no me deja expresarlo. Es tanto lo que te amo que la palabra no existe y no hay manera en que pueda remediarlo. En la locura solo de pensarlo se mezclan las caricias, los besos y un sinfín de emociones que aún laten en mi cuerpo justo en este momento mientras trato de contarlo para que tus ojos lean y tu corazón sienta lo que quiero decir. Solo me queda la mirada, que no necesita palabra y con una caricia puede decirlo todo.
Veo tu sensualidad que me conmueve. El juego del amor para conquistarme. Tus mohines, tus gestos y esos suaves roces para que sienta tu presencia. Veo el color de tus pensamientos para llamar mi atención y esos guiños, que de alguna manera, dicen muchas cosas. Siento tu dedicación a que te vea y tu no te das cuenta de hace cuanto me tienes conquistado.
Amanezco contigo en la mente aunque estés a mi lado. Con solo extender la mano toco tu cuerpo en el lecho y doy gracias a los cielos de que no eres un sueño. Y te amo, sin despertarte, sin caricias y sin besos, pues estoy tan feliz y contento que el amor brota del alma muy callado, en silencio para abrigarte más en mi pecho de donde nunca has salido.
Ataduras invisibles amarran los sentimientos. El cariño fluye tan solo con tu presencia y si no estás, el recuerdo revive cada uno de tus gestos y vuelve la sensación de amarte. La siento en la piel, en la sangre en cada latido, en todos los suspiros y en la ansiedad de querer abrazarte. Entonces, mis manos vacías producen una sonrisa al intentar coger lo invisible aunque estés metida en mi pecho. Es una angustia estar así amarrado pero es tanto lo que te amo que no quiero liberarme de estas cadenas.
Ese instante de pureza, cuando las ansias saciadas entregan en las miradas el agradecimiento entero de haberlo entregado todo y los labios, sin moverlos, aún necesitan de otro beso. Distinto, sin desespero, con todo el amor que cabe en el alma, mientras el calor del cuerpo quiere compartirse y las almas comienzan su danza entre tanto sentimiento y la carne y la piel descansan. Ese instante de pureza que deseamos dure toda la vida.
En el cielo de tus ojos ahogo la mirada tratando de llegar al alma para decirle que la quiero, pues muda se quedó mi palabra ante la fuerza de tanto sentimiento. No alcanzan los abrazos ni tampoco los besos. Lo que angustia en mi pecho es tan grande y hermoso que la caricia no basta para comprenderlo. Y por ello, me ahogo en tus ojos para que puedas saber desde mi alma todo lo que por ti siento.
Siento tus manos en la espalda aún así, a la distancia, pues quedan grabadas más profundas que en la piel. Con cada caricia te entrego el alma que se revela en mi pecho para adentrarse al tuyo. Y mientras danzan los besos en la pasión infinita nos enreda el amor con todo su caudal de cariño. Entonces, ya queda lejos la piel, es puro sentimiento.
Como estrellas surcan las caricias por nuestras almas. Nítidas, claras, brillantes. Apenas un roce en los cuerpos encendidas más por los besos y miradas. Y te siento y me sientes atravesando la piel, en el universo del sentimiento. Justo allí, en medio del pecho donde la ansiedad se hace angustia y el amor pierde su nombre. Y te quiero y me quieres sin confesión alguna porque ya está todo dicho.
Te quiero así, entre mis brazos, desnudada el alma y liberados los sentimientos. Suave, tranquila recostada en la seguridad de mi pecho y en la paz que ello te causa. Momento de amor y de silencio donde solo los latidos nos hablan. Y sentirnos, sin más y así decirlo todo sin necesidad de palabras.
No te encuentro. Mis manos entrelazadas te buscan desesperadas tratando de darte todas sus caricias. Entre sí están amarradas para que no se les escape lo que para ti tienen guardadas. Sellan mis labios los silencios para no desperdiciar las palabras que de amor tiene mi sentimiento. La ansiedad no sabe de esperas y debo contenerla porque me destroza los nervios el saber de tu regreso con todo lo que para darte tengo. Y se que estás a las puertas de abrir mi alma.
Hola, pasa, tomemos un café. Cuéntame tus sueños, compartamos fantasías y veremos que la vida al estar juntos, nos sonríe. No temas lo que sientas, no he de obligarte a nada, solo deja que la esperanza ilumine tu sentimiento y quizás, sin quererlo, me regales un beso. También, eso es parte de mis sueños. Y por qué no ? Ambos ansiamos amor. Y qué mejor momento, este, con un café de por medio y con toda la ilusión.
En el momento que llegues será la justa hora. No hay puntualidad para compartir los sueños. Bastante nos esperamos en el transcurrir de la vida para llegar a este instante en que las ansias y caricias se junten en la realidad tan anhelada. Eso si, ven sin afanes para disfrutar cada instante que nos regale el sentimiento pues él, no tiene prisa para entregarse por entero haciendo en su tiempo que las almas se enamoren.
Relámpagos hay en el cielo iluminando a los truenos próximos por llegar. No te asustes mi pequeña que tras esta tormenta en el firmamento hay estrellas que alumbrarán tus sueños. Esos que llevas guardados y compartes conmigo cada vez que sonríes. O que reflejas en la mirada buscando respuesta y calma a los por qué de la vida. Tranquila mi pequeña que mas fuerte a la tormenta es tu alma.
Se escapa el tiempo entre nuestras manos. El querer atraparlo se nos hace imposible y cuando hablamos de ayer resultan ser muchos años. El palpitar del reloj no retumba en nuestros corazones y aún nos sentimos jóvenes para estallar en sentimientos. La rosa que hoy te entrego hace brillar tu rostro de la misma manera que cuando te entregué la primera. Y la caricia curtida por las labores cotidianas aún despierta ansiedades de pasión, de cariño, de calma. Y estamos tu y yo metidos en el laberinto de agujas y almanaques sin que el tiempo nos dañe todo lo que sentimos.
No me pertenece el mundo, no te lo puedo ofrecer. Tampoco me pertenece la ley y deberemos convivir con tanta injusticia. Aveces vivir, no es fácil pero entre dos, la carga es más liviana. Justo la mitad. También así es la felicidad que compartida, es el doble. Y por eso te ofrezco lo que puedo darte. Entregarte por entero el calor de mi cariño. La pasión desmedida que puedan mis energías. El oído atento a tus palabras y la ansiedad de mi alma que necesita abrazar la tuya. Te ofrezco perdernos entre miradas, recorrer jardines de fantasía y hacer que los sueños estén más cerca a las realidades. Es lo que tengo mas un corazón que te ama.